JUGAR CON FUEGO… O MÁS…

JUGAR CON FUEGO… O MÁS…

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La presión que se está imprimiendo en parte del pueblo argentino, busca la excusa que posibilite habilitar medidas extremas, interrumpir la vigencia de derechos y garantías, para proseguir con el proceso de expoliación y entrega de nuestros bienes, riquezas y futuro.

El caso del “secuestro” de la dirigente social y política Milagro Sala por el fachodictador in-morales, tal vez comenzó como una prueba de ensayo de hasta dónde se podía presionar sobre el pueblo nacional y popular. Pero no se detuvieron en el “secuestro”: prosiguieron con persecución y más secuestros de otros tantos militantes sociales. A eso acaban de sumarle un asesinato. Ya comenzaron a regar la sangre de los nuestros…

Una descerebrada ministra de seguridad viene haciendo reiterados intentos de perseguir, hostigando a la militancia y a todo aquél que no acuerde las medidas antipopulares de un des-gobierno, que no es otra cosa que la gerencia menor de las transnacionales nazi-sionistas. Tales intentos llegan hasta las amenazas de intervenir en redes sociales y limitar el genuino derecho a la protesta.  También van obviamente direccionados a desparramar la sangre de la militancia en las calles.

Padecemos una de las más lamentables páginas de la historia reciente en nuestra tierra. Y la padecemos porque se ha contado con la complicidad de una corporación mafiosa-judicial, amparada y auspiciada por el monopolio de desinformación más criminal que se haya conocido. Se ha contado con la traición de muchos cobardes otrora fanáticos incondicionales de la anterior administración. Y se ha contado, por supuesto, con la complicidad de esa porción de nuestra sociedad que, como en los setenta, sigue mirando detrás de la ventana cómo se ensañan contra nuestro pueblo; que, como en los noventa, que festejaba el despojo y la entrega; en estos tiempos también impávida se sienta ante la caja boba para festejar cómo se reprime, se persigue y se asesina a todos los que no tenemos la mirada más allá del puerto.

Todo lo expresado no es más que un pequeño detalle de lo que padecemos los argentinos desde el 10 de diciembre del 2015. No se trata de un accidente, de un error o una falta de cálculo, porque las responsabilidades tienen varias direcciones.

Por un lado, está esa importante porción de ciudadanía que prefirió contagiarse, como ya lo ha hecho en reiteradas oportunidades históricas, de la falacia vertida por los mentimierdas comunicacionales que pretendieron sepultar con su canallesca actitud, las conquistas alcanzadas para esos sectores siempre vulnerados, discriminados, explotados.

Por otro lado, está la enorme caterva de gerentes funcionales al poder imperial, que no han escatimado esfuerzos para lograr, en tiempo récord, desempoderar al pueblo de sus conquistas. Cuando decimos pueblo, no incluimos al sector traidor de siempre que jamás tuvo un gesto, al menos, patriótico.

Y no nos alcanza con el slogan “vamos a volver” porque, mientras cantamos, hay muchos que se nos van quedando en el camino y otros muchos que están padeciendo tremendos atropellos, que los empujan a un estado de feroz rebeldía y eso torna muy complicado el panorama inmediato.

La cosa no pasa por los fanatismos o lo partidista, lo cual no está mal mientras cada quién se haga cargo de su accionar y actitud. La cosa pasa por comprender que, desde las tribunas que genuinos líderes ocupan, se alerta sobre la pérdida de derechos y garantías e instan a asumir roles concretos de participación y decisión. Pero parece que aún no se ha aprendido esa lección tan importante donde se le clarifica al pueblo que es él el que en realidad tiene el poder de revertir.

Imágenes que nos retrotraen a tiempos lamentables y dolorosos parecen no ser suficientes para asumir el rol que nos corresponde. Parece que la inacción aguardara a que alguna mecha se encienda para que se genere el clima que proceda a una destitución. Creemos que se está jugando con fuego, de un lado y del otro: juegan con fuego los gerentes a cargo de la administración nacional, y juegan con fuego los que, con las excusas del respeto a los tiempos políticos y las institucionalidades, tal vez estén frenando algún posible movimiento social para resistir el avasallamiento de derechos, garantías, bienes y recursos.

¿Cuál será la primera mecha que se encienda? ¿De dónde saldrá la primera amenaza y el primer disparo?

Se está jugando con mucho más que con fuego: se está jugando a ver cuánta resistencia tiene esa parte del pueblo siempre esquilmada y menospreciada. Se está jugando con el escaso fuego de la paciencia social.

Entre medio están las miserables migajas que les tiran a una desesperada jauría de hambrientos siempre postergados. Pretenden mitigar la miseria y la falta de un futuro cierto, con actitudes deleznables.

Hay un rumor que viene por lo bajo, que va surcando calles y plazas, barrios y pueblos; hay un rumor que se va acrecentando a medida que pasan los días, las horas y están los que subestiman ese rumor sin comprender la peligrosidad de su inacción.

Ese rumor tal vez se convierta en la mecha que desate la furia acumulada, el hartazgo sostenido y el doloroso deseo de subvertir las lamentables realidades que se padecen.

Y no es el rumor que pretende haya justicia y se apliquen juicios y condenas a quienes se han enriquecido a costa del pueblo. No es el rumor de los que podrían exigir la impecabilidad en el manejo de la cosa pública.  No.  Es un rumor diferente, un rumor extraño: es el rumor de los desposeídos y perseguidos, de los menospreciados. Tal vez ese rumor se convierta en mecha, una mecha desesperada y rabiosa.

Si los dirigentes que tienen inserción y han construido poder social no hacen nada, no se ponen al frente y conducen de manera inteligente y cuidadosa el descontento y la necesidad de los que menos tienen; si se limitan a dejar desmadrarse el río de la rabia y la impotencia, serán tan responsables de la sangre que corra como los eventuales represores. Trabajar con las bases no puede solo servir para acumular poder a través del voto. Tiene que servir para organizarlas, para no dejarlas huérfanas en manos de su propia impotencia o de algún trasnochado aprovechando el río revuelto. Los dirigentes, los cuadros, los nombres referenciados del campo popular deben responsabilizarse del ruido que el río lleva. De lo contrario, no habremos aprendido nada: nos limitaremos a repetir la triste historia de uno o dos idealistas luchadores muertos en el asfalto, encendiendo la mecha de un explosivo previsible que los demás dirigentes populares verán detonar desde atrás de sus escritorios.

Exijamos a los dirigentes que organicen a las masas, organicemos a los que están a nuestro alcance. Seamos militantes de resistencia organizada y solidaria que contraataque eficaz y segura, con la clara idea de destronar a los traidores y retomar el camino de la Patria.

Que así sea.

 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR- GABRIELA FERNÁNDEZ -PRODUCCIÓN

El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

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