¿SE VIENE EL ESTALLIDO?

¿SE VIENE EL ESTALLIDO?

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Resulta casi tedioso y hasta veces frustrante, eso de detallar constantemente todo aquello que nos atraviesa, nos afecta, a fin de procurar algún tipo de alternativa o solución. Porque pareciera que remar en el desierto es más probable que lograr una reacción inmediata que nos permita reconvertir lo que nos afecta.

¿Será una cuestión identitaria, una marca, una característica lamentable? Tal vez. Lo cierto, al menos en el recorrido histórico en estas últimas décadas, es que eso que denominamos pueblo tarda mucho en reaccionar; y cuando lo hace no es por el hartazgo o la manifestación concreta para exigir se respeten las garantías y los derechos. Si recordamos los tiempos del lamentable “corralito” podremos comprobar cómo eso que llamamos pueblo, pero que en realidad es una parte de él, reaccionó al ser afectada por el robo a sus ahorros.

Dinero. Eso fue lo que movilizó a esa porción del pueblo. No fue la defensa de la dignidad, de nuestras libertades y derechos. No.  Fue la incautación de los ahorros lo que movilizó. Y qué , ¿casualidad? : se unió con la otra parte del pueblo que fue atacada con la desocupación, el hambre y la imposibilidad de acceder a una mejor calidad de vida.

Como una afirmación de que algunos procesos históricos pueden repetirse, pasados dieciséis años de la sangre derramada aquellos 19 y 20 de diciembre del 2001, todo nos está indicando que estamos a las puertas de una delicada situación.

No sería descabellado suponer que nosotros seremos los que volvamos a poner muertos en las calles, porque siempre han sido de nuestro lado los que han caído, nunca los de las clases dominantes, siempre son los nuestros. ¿Qué hacemos una especie de discriminación? Y si, de un lado está esa clase de la sociedad que sólo se siente afectada cuando les tocan su víscera más sensible: el bolsillo. Y del otro estamos nosotros los que históricamente reclamamos y peleamos por nuestros derechos, los de los trabajadores, los de los niños y ancianos, de los originarios, de  los vulnerados,  de las minorías; derechos que van mucho más allá de la supervivencia y el ahorro.

Hay una muy larga lista de derechos y garantías que se están vulnerando desde el 10 de diciembre del 2015, pero aún no ha sido suficiente para lograr la reacción de la sociedad. Están los que argumentan que “hay que darles tiempo”, y nos preguntamos ¿para qué?, ¿para comprobar hasta dónde se puede apretar la soga en el cuello del pueblo? Es muy peligroso, no se está jugando con fuego, se está jugando en medio de un arsenal a punto de estallar.

Lo que podría diferenciarnos de lo sucedido en el 2001, sería el “de dónde” provendría la reacción que intente poner freno a la presente administración nacional que está echando por tierra todas las conquistas alcanzadas. ¿Será?

Nadie aún puede prever qué habrá de acontecer a dieciséis años de la partida en helicóptero de la cobardía y la inutilidad.

Lo que sí podríamos afirmar es que los sectores afectados por las medidas antipopulares tal vez no esperen a que al otro sector les toquen las cuentas bancarias. A diferencia de aquel lamentable 2001, hoy existe un importante y acrecentado número de habitantes de nuestro suelo que, con aciertos y errores, están comprometidos en la vida política del país. Esa es una gran diferencia, es sustancial, es la que separa la furia de la razón y la estrategia.

No es necesario abundar en detalles: las redes y los medios alternativos van dando cuenta ya, de manera certera, de todo lo que nos afecta. Pero ese todo, además de lo materialmente concreto, tiene un gran componente simbólico. Y esto es porque venimos de una década que construyó material y simbólicamente un horizonte de derechos, y más que una masa crítica en condiciones de leer y defender lo simbólico.

Este desguace brutal no está precedido por décadas de lento y progresivo desmantelamiento del estado planificado a través de medios hegemónicos sin cuestionamiento. No podemos atribuirnos el síndrome de la rana hervida, aquella que tranquilamente va hacia la muerte aguantando el lento aumento de la temperatura del agua en la que está inmersa. Venimos de un contexto de ampliación de derechos que debió -y lo ha hecho en muchos casos- empoderarnos: clarín miente y la lucha por la ley de medios, la lucha por la memoria, la verdad y la justicia, la universalización del derecho a un ingreso mínimo para cada anciano y cada niño, la multiplicación de universidades para dar cabida a los tantos jóvenes que fueron pudiendo ejercer su derecho a la educación.

Cada vulneración de estos derechos ha debido y -en ocasiones- ha hecho saltar a la rana: se multiplican las luchas en defensa del presupuesto para ciencia, se sostienen los juicios a los genocidas, se pelea por la libertad de Milagro, se escracha a los responsables del actual desastre a punto tal que no pueden presentarse públicamente, se denuncia por redes y medios y hasta penalmente a quienes contribuyen a la entrega que se está haciendo de nuestro patrimonio. Esto debe diferenciarnos enormemente de la lucha pasada.

Esto debe comprometer aún más nuestra creatividad en la militancia. Deberíamos ser capaces de frenar esta destrucción masiva de un modo superador, planificado, liderado y consciente. No otra vez una fiesta de fin de año que desnude la pobreza extrema y mate a uno de los nuestros en la calle para que detone el estallido. No otra vez el estruendo que nos deje en la total confusión y orfandad: podemos definir qué queremos, elegir conductores y plantarnos ante ellos, ponernos en condiciones de accionar desde este empoderamiento que nos dejaran los líderes de Nuestramérica.

Que seamos capaces de hacerlo.

Que así sea.

 

 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR- GABRIELA FERNÁNDEZ -PRODUCCIÓN

El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

http://.elclubdelapluma.wordpress.com

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