EDITORIALIZAR… ¿PARA QUÉ?

EDITORIALIZAR… ¿PARA QUÉ?

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Suponer que podremos editorializar sin caer en reiteraciones; suponer que podríamos expresar algún pensamiento o análisis en relación a alguna temática diferente de la acostumbrada; sugerir que podríamos reflexionar sobre alguna inconsistencia como para perseguir un comentario, una opinión, es nada más que esquivar el bulto en relación a lo que nos atraviesa, tanto en lo político como en lo social en Nuestra Patria Grande.

Desde hace mucho venimos alertando sobre los peligros a los que estaba (y está…) expuesta Nuestra Tierra, ya que, más allá de las conquistas y metas alcanzadas por gobiernos populares, la derecha fascista no perdió ni un instante en su derrotero por reconquistar tanto espacios como personas.

Cuando tuvo lugar el golpe de estado en Honduras, no fuimos pocos que percibimos que, desde ese instante, se comenzaban a desarrollar en todo nuestro continente, todas las variables posibles para desestabilizar a las “naciones rebeldes”. Y pudimos comprobarlo cuando le tocó el turno a Paraguay; y más cuando los intentos golpistas se sucedieron en Ecuador y Venezuela.

Si bien los escenarios no son los mismos ahora que un par de décadas atrás, la fragilidad en la construcción política de los gobiernos populares, ha posibilitado que retomen con mayor virulencia los retrógrados sectores de la más rancia derecha.

Pudimos construir canales de comunicación tanto estatales como alternativos, conscientes que era necesario llevar la información desde nuestros sectores y con nuestra gente, para hacer frente a los monopolios. Pero no fue suficiente, no fue contundente; no derribamos esa línea imaginaria de la desinformación con la que vienen controlando voluntades.

Ha sido y es esa una de la más grande de las fallas que hemos cometido y que pagamos viendo cómo se derrumban las conquistas alcanzadas.

Porque no es válido poner el título o la frase “nos debemos una autocrítica”, si esa autocrítica no se hace despojándonos de fanatismos y obsecuencias.

Porque los discursos ya no nos sirven sin las acciones, porque no podemos “hacer la plancha” viendo cómo nuestra gente y sus futuros se van quedando en el camino de la ignominia y la desesperanza.

No es sencillo editorializar sin caer en alertas consuetudinarias, porque en una vertiginosidad impensada se van sucediendo despojos y exclusiones.

Y no nos hemos distraído cada vez que nos dedicamos a reflexionar sobre lo que nos acontecía. Las realidades que se padecen, lamentablemente, dan cuenta de nuestros aciertos. Pero no es un galardón, un triunfo no habernos equivocado en los análisis, es mucho más que lamentable haber acertado.

En fin, estamos en presencia de mayores desafíos en lo que atañe a construcción política y social.   Miremos los resultados que dieron por tierra con los avances logrados; miremos la inacción del pueblo que en su gran mayoría es víctima de los más brutales atropellos en cuanto a derechos y garantías, perdiendo diariamente la posibilidad de un presente y futuro mejores, mientras esta dictocracia interpreta a rajatabla el papel asignado por el nazi-sionismo para concretar sus apetencias en nuestra tierra.

Hay una larga lista de atropellos que ya muchos se encargan de enumerar en cada oportunidad que se tiene, tanto en medios alternativos como en redes sociales, hacerlo nosotros tal vez sólo sirva para reiterar la enumeración de las lamentaciones que nos atraviesan…

Pero en esa larga lista hay temas de los que es imposible abstraerse, porque, por ejemplo, ¿cómo militar desde las bases si una de las nuestras está secuestrada por un miserable feudal y muchos y muchas que supuestamente representaban a los que pertenecemos a esas bases nos traicionan vendiendo sus voluntades por mucho más que unas monedas?

Se vuelve a desprestigiar la práctica política, instalando en el común social que la misma sólo sirve para hacer algunos importantes negocios. No es casual que esté ocurriendo, aunque nadie lo comente, o casi nadie, no es casual, es parte de las viejas estrategias para desmovilizar.

Si bien hay quienes sostienen que hay que hacer prevalecer las instituciones, respetar los tiempos electorales y la práctica democrática, hay también una realidad que no está comprendida en los discursos y en las consignas: hay gente que se va quedando en el camino, hay gente que no puede esperar a una instancia de elecciones para lograr su diario sustento.

Cuando nos proponemos editorializar desde una mirada crítica, contando con información y análisis sobre diversas temáticas, procuramos aportar para sumar a la discusión e intentar alcanzar, tal vez no un alto consenso, tal vez un edificante intercambio de diversas formas conceptuales que permitan la construcción de un pensamiento propio, genuino.

Pero este no es el caso. En esta oportunidad pretendemos transmitir la preocupación de semejante silencio e inacción por parte de un número importante de la dirigencia política, sindical, etc. Ese silencio, esa inacción están socavando en el pueblo que tiene diferentes interpretaciones acerca del concepto “tiempo” … hay veces, la historia está plagada de muestras, en que el tiempo se agota y gana la calle la desesperanza, el hartazgo, y la furia.

Ante la creciente ola de despidos y suspensiones de trabajadores, ante los cierres de programas e instituciones, ante las persecuciones por pertenencias o simpatías políticas, ante la destrucción tanto de símbolos como de instituciones, ante la cachetada al pueblo con los aumentos en los ingresos de congresistas, ante la pérdida del poder adquisitivo, ante la creciente violencia institucional por parte, fundamentalmente de las fuerzas de (in) seguridad, ante tanta barbarie institucionalizada, ante la burla y la ofensa, ante la mentira y la corrupción, ante tanto que nos va atravesando y sumergiendo en la impotencia y la rebeldía, tal vez no tarde el pueblo en tomar las calles, las plazas y reclamar, exigir, imponer un cambio institucional inmediato que paralice la destrucción de nuestra Patria y nos permita retomar, reencausar el camino de la construcción y la edificación de una real independencia y plena libertad.

No es un juego, no es un detalle menor, no es un castigo ni un error, es una dictocracia la que se ha encargado de vulnerar todos nuestros derechos y garantías, despojándonos de toda conquista y logro colectivo e individual. No es un juego, y si los gerentes de las corporaciones foráneas que desempeñan el papel de funcionarios políticos en la administración Nacional, con la complicidad de la corrupta corporación judicial y los asesinos y genocidas que responden a los monopolios de desinformación, no advierten a tiempo el descontento y la desesperanza, tal vez habrán de probar el sabor amargo de la destitución, acompañada de la furia y la rebeldía social.

Que así sea.

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-

El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

http://.elclubdelapluma.wordpress.com

DOMINGOS DESDE LAS 10 HS.

POR FM 103.9 RADIO INÉDITA

www.radioinedita.com.ar

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