¿CULPABLE YO? ¡NO SEÑOR!, ENTONCES ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?

¿CULPABLE YO? ¡NO SEÑOR!, ENTONCES ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?

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Podríamos, tal vez, aventurarnos a analizar nuevamente las circunstancias y motivaciones que han conducido a nuestros pueblos a padecer lo que nos atraviesa.

Podríamos esgrimir argumentaciones, supuestos, probabilidades. Nada nos alcanza para poder dilucidar el cómo se ha llegado a tal situación. Nos estamos refiriendo a ese nuevo giro hacia la derecha por el que parte de nuestros pueblos han optado… ¿Habrá sido así? Se complejiza imaginar tamaña decisión, por más que nos presenten guarismos, escrutinios, etc. Cuesta mucho comprender, interpretar y mucho menos aceptar. No obstante, ensayamos algo, al menos en modo catártico, para poner en discusión qué grado y tipo de responsabilidades nos competen…

Las alertas sobre nuestra Patria Grande tienen bastante tiempo: quienes estudian y analizan los movimientos geopolíticos nos vienen advirtiendo desde hace décadas respecto del polvorín sobre el que estamos.

Las manipulaciones mediática y educativa han tenido un desarrollo vertiginoso en los últimos tiempos, merced a las “bondades” (o no tantas) de las nuevas tecnologías que han posibilitado el megaalcance de los mensajes y meta-mensajes.

Hemos señalado en reiteradas oportunidades cómo se vinculan los grandes monopolios de desinformación, con las empresas mineras, petroleras, armamentísticas, alimenticias, financieras, etc. Y junto a ellas, “trabajando” de manera mancomunada, partidos políticos y corporaciones judiciales… Todos juntos en procura del control social y el sometimiento de los pueblos.

Sugerimos, como modo de sumar mayores datos, recurrir a la nota ¿Quién controla y financia los medios de comunicación que nos informan?” (1)  que nos brinda un interesante, tal vez no muy abundante, tratamiento al respecto.

En la nota sugerida se explica cómo la banca internacional y las industrias armamentísticas están íntimamente vinculadas a los conglomerados de la comunicación, y a su vez, todos relacionados con el nazi-sionismo imperial.

Con esa herramienta se ha construido indudablemente un sector social que ha asumido como propios los objetivos del imperio global, sin percatarse de que habrá de ser objeto de explotación, sometimiento y, finalmente, exclusión.

La manipulación mediática se ha convertido en fundamental, mucho más en estos tiempos, a la hora de avanzar sobre nuestros territorios. La desinformación, o confusión sobreinformada, logra imponer en los pensamientos de las gentes, por ejemplo, que el flagelo del tráfico de drogas se soluciona con la intervención de organismos foráneos, quienes “desinteresadamente” pretenden “colaborar” con las naciones supuestamente afectadas por tal calamidad. Lo mismo va para la imposición de la idea de la invasión de células terroristas en determinados puntos de la región.

Podemos recordar cómo, en no pocas ocasiones, la región denominada “Triple Frontera”, ha sido señalada como el sector que habrían elegido células terroristas, en estos tiempos si son provenientes de Medio Oriente mejor…

Pero tampoco han sido pocas las veces en que se ha alertado sobre la importancia que tiene ese sector, fundamentalmente, para el control de lo que poco se conoce como “Acuífero Guaraní”, una de las mayores reservas de agua dulce del planeta.

No sólo de agua vive o quiere vivir el imperio, también están los recursos petrolíferos, minerales (el litio está ocupando un lugar sumamente delicado en esta invasión silenciosa, o no tan silenciosa).

De cualquier modo y por cualquier excusa, el peligro siempre está latente.

Nuestra Patria Grande, a lo largo de la historia, , cada vez que ha querido concretar de manera contundente su tan anhelada independencia, ha padecido el oprobioso y suntuoso accionar criminal del poder imperial global.

Nos detengamos unos instantes aquí, pues no está de más reiterarlo: cuando mencionamos al poder imperial global, o al nazi-sionismo imperial, mencionamos al poder real, ese que no tiene patria, frontera, bandera, religión ni creencia alguna más que su afán de poder y dominación a todo el globo. Un ente que se diferencia y excede   lo que se ha instalado como definición de “imperio” señalando a EE.UU.

Durante décadas nos han instalado la falsa idea de que los EE.UU. son , pero no. Es sólo uno de sus brazos armados. Y sus sucesivos presidentes, al igual que los de las demás naciones genuflexas, son meros gerentes, en mayor o menor grado.

A propósito, si de algo ha servido la industria cinematográfica yanquilesca, fue para instalar en sus consumidores la idea tergiversada de ser ellos los dueños de la vida y la muerte, cuando en realidad sólo han sido y son ejecutores de lo que los verdaderos dueños del planeta han diseñado…

Parte de lo que sostenemos está contemplado en “Las 10 Estrategias de Dominación”; no inventamos nada, no innovamos en nada, sólo reproducimos e intentamos concientizar sobre las realidades que nos son vedadas desde los diferentes resortes con los que ejercen poder a nivel planetario.

No ha sido producto de hartazgo que algunas de nuestras naciones se rencausaran detrás de los lineamientos neoliberales; como no ha sido casual que otras de las naciones hermanas aún se sostengan en sus propósitos por lograr una real independencia. Por un lado, las particularidades de cada nación, pongamos por caso la Hermana Bolivia, cuenta en su favor con la inmejorable impronta de sus pueblos originarios, provistos de un acervo y legado ancestral que tiene un importante peso en la construcción de esa nación.

Pero, paralelamente, países como Argentina, Uruguay y Chile, por casos, poseen en su contra un mal tan enquistado desde hace muchas décadas, representado por los monopolios de desinformación. Éstos, como ya señaláramos, se han fortalecido con la instrumentación de las redes sociales a través de internet, con las que han podido avanzar en su impronta de instalar mensajes determinados.

Así se han desvirtuado tanto la política como el periodismo: cada vez más, la importancia recae en el actor y no en la actividad. No importa la política, importa el político con el que podemos presumir que una determinada realidad está íntimamente vinculada. Importa quién la exhibe y no la realidad misma.

Esa nefasta práctica nos ha hecho desviar la atención con consecuencias que hoy padecemos. Un ejemplo podría ser cuál es la mirada y la opinión que se sostiene respecto de la contaminación que provoca una explotación minera a cielo abierto:  depende de quién la difunde y no de las pruebas en la investigación.

Pretendemos con esto enfatizar la labor que han desarrollado desde los medios de desinformación, las corporaciones judiciales y políticas en desmedro de las construcciones sociales que permitieron una real recuperación de derechos, libertades y autodeterminaciones.

Hay responsabilidades compartidas y no podemos mirar hacia otro lado y no responder ante la urgencia de retomar el desafío por una real independencia.

Para ello, tenemos que ser capaces de abrir muy bien los ojos, los oídos y nuestras mentes, para intentar comprender cómo el imperio mundial funciona.

Es una tarea ardua, casi titánica, pero necesaria e imprescindible para correr los velos de la ignorancia de la que se vale el poder global.

No tenemos mucho tiempo para ponernos a reflexionar al respecto, no contamos con chances para detenernos a señalar culpabilidades y/o responsabilidades; aquella “Hora de los Pueblos” de la que hablaba el General Perón, sin fanatizar sobre su figura y trayectoria, se ha hecho presente y debemos asumir nuestros roles con total y absoluta responsabilidad.

Recuperar las ideas de nuestros libertadores es una tarea del ahora y de todas y todos; llevarlas a la práctica y lograr una Patria Grande, Libre, Soberana e Independiente, nos debe convocar a una lucha tenaz e inclaudicable hasta lograrlo.

Que así sea.

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-

El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

http://.elclubdelapluma.wordpress.com

DOMINGOS DESDE LAS 10 HS.

POR FM 103.9 RADIO INÉDITA

www.radioinedita.com.ar

Notas y Referencias

 

1 – http://geopolitico.es/quien-controla-y-financia-los-medios-de-comunicacion-que-nos-informan/

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