MODIFICAR PARA EDUCAR…

MODIFICAR PARA EDUCAR…

 

Cuando nos proponemos instalar el tema de una posible reforma constitucional, lo hacemos desde el convencimiento que es necesario y urgente hacernos de una nueva herramienta acondicionada a los tiempos que corren y, como expresáramos, para los tiempos por venir.

 

Ya propusimos la eliminación del art. 2 de nuestra Carta Magna, la democratización de la justicia, la recuperación de aquellos artículos de la constitución del ’49 que preservaban los derechos y garantías a la familia, el trabajo, la vivienda, etc.

 

Hay un tema que, si nos detenemos a reflexionar al respecto, hace a la formación integral de nuestra sociedad: Educación. Una nueva constitución debería poder contemplar el rol irrenunciable del Estado que debe asumirse como el único que garantice “Educación” en todo el territorio.

Hoy podríamos acordar que contamos con un Ministerio de Educación sin escuelas. Al pasar a las provincias el manejo (desmanejo) y control (descontrol) de la educación en la nefasta era menemista, se ha perdido la posibilidad de construir sujetos con concepciones integrales en relación a nuestro país y la región, por lo menos durante las dos últimas décadas. Lo que hay no se condice con el momento político de la región.

 

Ya las fronteras de los países nuestroamericanos se van desdibujando, dando paso a aquella Patria Grande que soñaron y por lo que pelearon nuestros héroes. Es parte importante en la formación educativa la concientización profunda de que Patria no es solamente una bandera, un himno impuesto para no ofender y continuar en un estado de dependencia, ni lo son las líneas imaginarias que se establecieron para separar, desunir a nuestros pueblos. Las pujas de poderes multinacionales, empresariales y religiosos han desalentado y obstruido la posibilidad de abordar la cuestión educativa de manera acorde a los tiempos que corren y a la integración que es deseable para el futuro.

 Si bien la Ley Nacional de Educación fue producto de discusiones, propuestas, debates en todo el territorio nacional, ello no ha garantizado que, salvando las particularidades, peculiaridades en cada zona, se lleve adelante un plan de integración desde la educación. Por el contrario,  es evidente en ciertas jurisdicciones, cómo se sabotean y mal dirigen los esfuerzos de Nación a nivel educativo.

El Estado Nacional debe recuperar su rol rector en este tema. Debe tener presencia en cada rincón de nuestro país. Debe volver al control de contenidos curriculares, de su implementación.  Debe garantizar que quienes asumen el rol docente cuenten con la formación, la motivación  y el compromiso indispensables para tan fundamental tarea.

 

¿Y por qué darle importancia y exigir se plasme en la Carta Magna? Porque más allá de los títulos enunciativos, se debe dejar en claro quién es el garante y ejecutor de la educación.

Retomar el control de lo educativo debe ser una prerrogativa constitucional, volviendo a tener un Ministerio de Educación con Escuelas en todo el territorio. Posibilitando que los planes o currículas  cuenten con la suficiente elasticidad como para amoldarse a particularidades de cada zona, pero con una fuerte presencia del  Estado  que garantice la integración nacional y regional.

Sería un modo sustentable de superar las herencias que nos ha legado el depredador período menemista, el cual  disminuyó la  calidad educativa, profundizó la segmentación social, precarizó la profesión docente y habilitó a profesionales que no encontraban otra solución, a volcarse sin vocación y sin formación específica al sistema educativo, para tener al menos un mínimo salario con alguna estabilidad. Lo educativo no era lo importante. Bajo la máscara del federalismo se desmembró la centralidad de la función educativa. Bajo la excusa de la especialización, se atomizaron la didáctica y la función social. De allí a la precarización de contenidos, formadores y formados en los establecimientos de deformación docente, no se tardó mucho.

Aún padece el sistema educativo tales situaciones que entonces pudieron parecer coyunturales: la desvalorización social del rol, la falta de convocatoria y de incentivo para abrazar la profesión docente, la pauperización de las posibilidades de crecimiento profesional y económico.

 

El Estado, nosotros, debemos tomar la iniciativa de plantear discusiones en toda la Nación para lograr, entre otras cosas, una reforma constitucional que incorpore el tema educativo no como mera enunciación sino como la herramienta indispensable para lograr conciencia que posibilite la independencia. Independencia intelectual de los megapoderes económicos,  fortalecida por la presencia y sostenimiento por parte del Estado. Un Estado que vea a los individuos como sujetos imprescindibles para la construcción de una sociedad comprometida consigo misma, con su entorno, con su memoria y pasado y por supuesto con el futuro… y no solo como mano de obra o recurso humano para un sistema productivo consumista e insaciable.

 

Es imprescindible plantear, establecer que los objetivos en el proceso educativo sean  despegados de lo exclusivamente económico: o formación para el trabajo o para el desarrollo tecnológico o para el aparato productivo.

 

El conocer nuestras potencialidades, riquezas y bienes naturales a fin de privilegiar una formación humana en que prevalezca el derecho a la pertenencia al género humano, en solidaridad con su Ecosistema, es sumamente necesario, más cuando desde la conquista padecemos el saqueo de lo que nos pertenece. Promover la concientización de que somos un todo, complejo si se quiere, pero un todo, nosotros y el medio ambiente. Saber que nos pertenecemos también debería ser una de las consignas fundamentales en toda formación educativa, en todas las áreas y disciplinas.

 

Es urgente contar con un sistema educativo que habilite al individuo, su derecho a actuar en tejido solidario con sus semejantes; donde la economía vuelva a ser un medio para la vida y no un fin en sí mismo.

Donde el eje se corra del objetivo de desarrollar nuestra capacidad de consumir por nuestro  potencial para ser.-

 

Expresó alguna vez Nelson Mandela: “…La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo…”

Y de eso se trata, de lograr “armar a nuestro pueblo” con lo más poderoso que existe: “el saber”. Saber para construir y construirse, para integrar, colectivizar. “…Solo el estudio, la investigación nos lleva al conocimiento y a esa verdad que nos hará libres…” 1

 

Para ello es necesario, fundamental, establecer con total claridad los derechos y obligaciones por parte del pueblo y sus representantes en relación a educación.

 

Reformar para Educar, asumirnos constructores colectivos de saberes, obligaciones y derechos estableciéndolos en una Constitución más emparentada con el sentimiento profundo de un ser continental, es el desafío.

 

Para ello, decíamos,  el Estado debe recuperar su rol en el tema educativo, retomando a su cargo la responsabilidad, que debiera ser irrenunciable, de la formación de cada uno, de todos los que habitamos este suelo.

 

Reformar para educar y liberar al pueblo de la tiranía que significan tanto la ignorancia como  la hegemonía del pensamiento y la construcción ideológica en manos de los que fabrican el tipo de seres que necesitan para mantener funcionando su insaciable y criminal sistema capitalista.

 

Que así sea.

 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

http://elclubdelapluma.bligoo.com.ar

 

DOMINGOS DESDE LAS 10 HS.

POR FM 103.9 RADIO INÉDITA

www.radioinedita.com.ar

 

 

 

1 Alejandra Villegas 

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