¡¡¡MAMÁ, HACEME GRANDE QUE EN IMBÉCIL ME TRANSFORMA EL SISTEMA!!!…

¡¡¡MAMÁ, HACEME GRANDE QUE EN IMBÉCIL ME TRANSFORMA EL SISTEMA!!!…

 

Los sistemas, métodos y herramientas para la colonización mental son variados e históricamente se van transformando según pasan los tiempos y las necesidades de dominación.

El sistema capitalista imperante ha marcado y marca tendencias, preferencia, modas y slogans.

La manipulación condiciona conductas y moldea caracteres, a la vez de direccionar voluntades y conciencias.

 

La distracción, por medio de radio y televisión, surgida para “entretener” a multitudes, alejarlas de las convivencias cotidianas de las calles, fue uno de los intentos por manipular. Desvincular a cada individuo de las realidades que pudiesen palparse; sometiéndolo al consumo de otras realidades creadas, re-creadas, desde donde el control poblacional se pudiese ejercer, asegurando un alto grado de efectividad en el objetivo alienante.

 

“…La dominación necesita del control, del miedo, del olvido y la resignación, en diferentes dosis, de acuerdo a las circunstancias. Son instrumentos de poder con sus instituciones representativas: los organismos de Inteligencia de los estados articulados a las fuerzas armadas, la industria de la información y de la cultura, las iglesias y también las universidades. Los objetivos son destruir el espíritu crítico, desnaturalizar la memoria colectiva, confundir, crear una cultura de la sumisión exhibiendo la fuerza del Estado y del imperialismo y cultivar el miedo, modificar la opinión política pública…” 1)

 

Sobre esto venimos transmitiendo en reiteradas oportunidades, en la intención de romper con el esquema alienante. 

Otro factor a tener en cuenta en relación a los mecanismos de control, es el relacionado a la transformación o modificación a hábitos, costumbres, heredades.

El cambio conceptual relacionado a las diferentes etapas evolutivas de cada individuo y los efectos que se alcancen en conjunto, tiene significativa importancia vinculada a las necesidades del sistema capitalista que necesita mayor e inmediato consumo que permita sostener su perversa maquinaria de acumulación.

Los jóvenes han sido los “elegidos” para lograr sus cometidos.

 

“…Hace siglo y medio, la adolescencia no existía. De la niñez se pasaba directamente a la edad adulta. Hoy, la adolescencia, ese tiempo que transcurre entre la pubertad y la aceptación de que en algún momento deberán asumirse responsabilidades y pensar en el futuro, es más larga que nunca…” 2)

 

En esta franja etaria es donde el sistema capitalista ha puesto sus fichas, a la hora de apostar al consumismo desenfrenado. Los adolescentes se constituyeron en el centro de atención de las usinas “creativas” para direccionar preferencias, participación y, fundamentalmente, desinterés.

El adolescente producto de esta manipulación, es un ser consumista compulsivo, repetidor de cuanta variedad se instala con el premisa de que es “la moda”, “está de  onda”, “es lo más”, “es cool”. Se reiteran frases para diferenciar aquello que el mercado impone para su consumo, de lo realmente necesario. Se crean nuevas necesidades en los adolescentes. Desde calzado hasta telefonía celular, todo es re-inventado.

Pero todo ello se sostiene con una profundización del virtual desarraigo social que presupone la “pertenencia” a otro mundo, otra realidad. Una realidad en donde nada tienen que ver las cotidianeidades en las que el resto del mundo está inmerso.

 

La falta de sensibilidad y de pertenencia al mundo real, son indispensables para lograr una mayor alienación con la consiguiente profundización del consumismo. Todo ha de pasar muy rápido, de manera casi imperceptible, por lo que deben adaptarse inmediatamente a esos cambios vertiginosos para poder “ser” y “pertenecer”; ser parte de esa parte de la sociedad que se vincula desde una esteticidad frenética, impuesta desde los medios en una formación en donde las imágenes se suceden una tras otras tan rápidamente que aquello que se pretende instalar, se instala a nivel inconsciente.

 

Los adolescentes o la primerísima juventud son, además, la estrella del momento. Están en el top ten, son los más bellos, los más rubios, los más felices, los más libres, los más desinhibidos. Son lo mejor que hay y todos queremos ser como ellos: eternamente jóvenes y despreocupados. Sonrientes y sin responsabilidades  que nos acucien. Es un bajón ser un adulto con trabajo y responsabilidades, con familia y futuro a cargo, con afán de comprensión de lo circundante y sensibilidad participativa y social. Así que hay hordas de adultos comprando para ser como los adolescentes y comportándose como tales, con la misma incapacidad de discriminar el brillo del oro, lo verdadero de lo ficticio, lo necesario de lo publicitariamente impuesto. Es un modelo o estrategia que se multiplica en todos los grupos y  tribus y gustos musicales etc. con lo que podríamos acordar que en este aspecto, el sistema no discrimina…ironías aparte…

 

Pero, no conformes con  mercantilizar la adolescencia y adolescentizar a la sociedad, la maquinaria también apuntó a la niñez para lograr otro sector etario que consuma. La proliferación de la artillería propagandística que mueve la demanda de determinados productos, en su mayoría innecesarios para la formación y crecimiento, ha alcanzado niveles impensables; tanto que se ha tornado como habitual el mecanismo de observación-demanda-consumo. Los niños son entonces  víctimas aun más vulnerables de la manipulación para el control y el consumo, injieren incontables imágenes, logrando que les compren cualquier cosa que la publicidad ofrezca o creciendo con el sentimiento de carencia por no obtenerlos.

 

Y los que criamos a esos niños pocas ganas tenemos de amargarnos con elucubraciones filosóficas acerca del consumo: acallamos con dinero duramente obtenido, ahorros dignos de mejor causa, las demandas ficticias de los niños o nuestras propias necesidades de juventud eterna. ¿Por qué habríamos de agotarnos en reflexiones con niños y adolescentes que no quieren escuchar, qué no razonan? Son todos iguales, la juventud está perdida. Pero queremos ser como ellos.

Si los adultos pudiéramos seguir siendo adultos estaríamos en guardia y bien podríamos acompañar el desarrollo de los que vienen detrás… pero no.  Nos hacen querer cada vez más juventud cirugía mediante y más cholulismo estúpido hasta convertirnos en máquinas inconscientes de consumir, incapaces de asegurar el crecimiento de la propia especie.

 

Renunciaremos a la procreación responsable?? Dejaremos ir nuestros niños hacia la trituradora consumista??? Dejaremos que  nos gane el pendeviejo que nos habilitan  e inculcan desde los cuatro costados? Seguiremos exponiéndonos indiscriminadamente a los medios masivos. Recordemos el efecto placebo invertido del que hablaba el profesor Joan Ferrés. Parece que es inocuo. Pero su efecto de irresponsabilidad masiva puede ser probado en cualquier esquina.

Las consecuencias van aún más lejos que el consumo desmedido: abandonamos a niños y jóvenes en manos de la publicidad y el consumismo. Los dejamos crecer solos, en el mejor de los casos, rodeados de aparatos que los bombardeen con espejismos y después, a poco de llegar a púberes ya pretendemos hacerlos susceptibles de ser imputados, juzgados y condenados como si hubiéramos asumido en algún momento la responsabilidad de enseñarles a distinguir qué es bueno, qué es delito, qué es legítimo. Ahí va la baja en la edad de imputabilidad.

Hasta hemos perdido la capacidad de asombro ante tamaño círculo vicioso: te engendro, dejo que el sistema te formatee, y te echo la culpa.

 

Cuántas de las personas que nos rodean son orgullosamente adultas? El ser adultos, nos debería poner orgullosos de lo alcanzado, del trabajo que nos ha costado llegar a aprender lo necesario para llegar a ser lo que somos. No deberíamos renunciar a ello por una falsa imagen juvenil. Y mucho menos no deberíamos desaprovechar la oportunidad de enseñar a los nuevos, todo aquello que tanto nos costó aprender; compartiendo con los nuevos nuestras experiencias y con ello aportar a sus miradas.

 

Uno de los desafíos para los adultos radicaría en la posibilidad de recuperar la conciencia del lugar que debemos ocupar, colaborando en la maduración de los jóvenes para desarmar la matriz de la idiotez en que el sistema ha pretendido y, en muchos casos, ha conseguido sumergirlos;  lograr que la niñez experimente la inocencia y el desapego y así ver llegar a la adultez a seres comprometidos con la vida, la solidaridad y las construcciones colectivas.

 

Más allá de las pretensiones del sistema, siempre hubo grupos de jóvenes que no han sido cooptados por el mismo. Y en estos últimos años ha habido un marcado incremento en el número de jóvenes que experimentan madurez y compromiso social. Ello alienta la esperanza de un futuro con adultos asumiendo sus responsabilidades.

 

Que así sea.

 

NORBERTO GANCI –DIRECTOR-El Club de la Pluma

elclubdelapluma@gmail.com –elclubdelapluma@hotmail.com

http://elclubdelapluma.bligoo.com.ar

 

DOMINGOS DESDE LAS 10 HS.

POR FM 103.9 RADIO INÉDITA

www.radioinedita.com.ar

 

NOTAS

1) Jorge Lora Cam – LA SOCIEDAD DE CONTROL, DOMINACIÓN MEDIÁTICA Y MIEDO – http://rcci.net/globalizacion/2010/fg1094.htm

2) César Coca – LA ADOLESCENCIA INTERMINABLE – http://www.ideal.es/granada/20081110/sociedad/adolescencia-interminable-20081110.html

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