NUESTRA DEPENDENCIA -EDITORIAL JULIO 2010-

NUESTRA DEPENDENCIA
Nuestros pueblos de una forma u otra han perseguido, buscado y buscan aquello denominado identidad.
A pesar de las afirmaciones que sostienen que la identidad es algo que ya está, que se posee desde mucho tiempo atrás…
Por supuesto que también están los que especulan expresando que la identidad es una construcción diaria; que se la va modelando a cada paso del tiempo y las circunstancias que se presenten…
Ésta, la identidad, puede estar conformada por varios elementos, entre los que podemos destacar: orígenes dialécticos, culturales, costumbres, comportamientos, modos expresivos, de conductas, términos. Lo consuetudinario como vehículo en la afirmación de rasgos, estereotipos, etc.
Se entiende por identidad, entre otras acepciones, a “…la calidad de idéntico. …Persistencia del ser en su unidad a través de sus múltiples cambios y determinaciones…” (1)
Pero cuando hablamos de identidad, también podemos hacer referencia a aquello que se conoce, o se pretende conocer, como entidad, ya que ésta en parte de su definición dice que es “…lo que constituye la esencia o la forma de una cosa. …valor o importancia de una cosa. …Colectividad considerada como unidad…” (2) Y es esta última parte de esa definición la que tal vez nos pueda interesar en mayor grado.
Lo identitario, lo esencial desde lo individual, para constituirse, debe mudar a lo colectivo. Es allí donde la identidad toma cuerpo.
Este cuerpo que cobra dimensión, existencia, adquiere el atributo del pertenecer, ya que es“…referirse o hacer relación una cosa a otra, o ser parte integral de ella…”
Y es esta la idea fuerza de toda identidad, inseparable de lo colectivo; lo igual, lo idéntico que se multiplica y se corporiza.
En esta corporización de particularidades socializadas, el cuerpo identitario se vigoriza y asume la importancia que le es dada por su naturaleza.
A ello se suman todos los aportes que desde el afuera del medio se hacen. Decía en una charla Atilio Borón sobre lo mestizo que también es identidad; la conjunción de diferentes particularidades dando corporeidad a otras.
Una parte sumamente importante negada de nuestra identidad, está emergiendo a pesar de los denodados esfuerzos por denostarla; me refiero concretamente al espíritu de unidad continental que desde hace más de doscientos años pugna por consolidarse.
Ya los líderes indiscutidos José de San Martín y Simón Bolívar trabajaron arduamente para lograr dicha unidad. Unidad que hace a una identidad negada, manipulada.
Ya hubo detractores de nuestra historia que mucho daño han infligido en la identidad del pueblo; recordemos la intencionada manipulación sobre hechos históricos realizada por el aún prócer Mitre, quién por ejemplo, tergiversa los hechos de mayo, sus consecuencias e implicancias y nada explica del porqué de las diferencias entre los sucesos de mayo de 1810 y julio de 1816.
En esa brecha de seis años, cuestiones relacionadas a la pertenencia, al ejercicio del poder y su representatividad, son ignoradas en el entonces relato oficial, despreciando datos que hacen a lo identitario de nuestras naciones.
Al respecto Norberto Galasso dice: “…Considero, por el contrario, que es un factor de colonialismo mental, legitimador de la influencia inglesa a partir de 1862…” (3)
En otro de sus escritos Galasso dice: “…“Esta” revolución, así entendida, merece ser recordada y tomada como ejemplo según sostienen los intelectuales del sistema, puesto que sus rasgos fundamentales (apertura al mercado mundial, alianza con los anglosajones, “civilización”, porteñismo, minorías ilustradas) marcan aun hoy el camino del progreso para la Argentina…” (4)

Aportando más adelante: “…Don Cornelio Saavedra… La patria no nació de la entraña plebeya, sino de la entraña militar… No la hizo el pueblo, la hicieron los militares, los eclesiásticos y un grupo selecto de civiles”…” (5)
Nada más lejos de la realidad y en estos tiempos…mucho más. Si observamos los acontecimientos en nuestro continente y en el resto del mundo, podremos afirmar que las interpretaciones desde el revisionismo histórico poseen sustentos indiscutibles.
El espíritu libertario de los héroes de Guayaquil, desde hace algún tiempo ha retomado vigor. No obstante los intereses imperiales de antaño, continúan promoviendo la desmaterialización de cualquier construcción independentista.
Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba están conduciendo la consolidación del ideal sanmartiniano y bolivariano; a pesar de los ejes que el imperialismo pretende promover y alentar, como el caso Chile, Perú, Colombia.
La lucha por alcanzar definitivamente la independencia, aún no ha llegado a su grado máximo. La gran incógnita en esta historia presente son Brasil y Argentina: ¿Detrás o al lado de quién o quiénes se encolumnarán?
Señales como la designación del primer Presidente de la UNASUR y las presencias de líderes sudamericanos en los actos del denominado Bicentenario realizados en Buenos Aires, hacían suponer que la dirección hacia la integración continental era clara…
La designación de un nuevo Ministro de Relaciones Exteriores cuestionado por diversos sectores, sumado a las recientes actividades no sólo intimidatorias, sino también provocativas de parte de EE.UU. e Israel con la Nación Iraní: los movimientos a nivel económicos que han perjudicado la consolidación de la Comunidad Europea, hacen suponer “cierta presión” para impedir se concreten los sueños de independencia, en cualquier parte del planeta.
Me animo a pensar que las miradas, en nuestro continente, están puestas en Argentina y en Brasil respecto de cuales serán las fichas que moverán y en qué sentido, en este complicado y peligroso juego de poderes mundiales. Recordemos que la “neutralidad” nunca ha sido bien vista, al menos si hablamos de convicciones y no de intereses.
¿Habremos llegado a la madurez que nos permita asumir con hidalguía la responsabilidad que nos compete en estos momentos?
¿El revisionismo histórico en el futuro, cómo nos verá, cómo nos juzgará?
De cada uno de nosotros dependerá el cómo habremos de ser recordados.
Tal vez valga la pena recordar parte de lo que el Gral. José de San Martín escribiera en 1819, en Mendoza cuando la situación le era adversa: “…Seamos libres y lo demás no importa nada…” Que así sea.
NORBERTO GANCI –DIRECTOR- El Club de la Pluma
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Fuentes
(1) Diccionario Enciclopédico Salvat -1960-
(2) Diccionario Enciclopédico Salvat -1960-
(3) HISTORIANDO CON NORBERTO GALASSO – Extraído del reportaje realizado al historiador por Juan Manuel Fonrouge para la revista 2010 en noviembre del 2009
(4) “Ponencia para el Bicentenario de la Revolución de Mayo de 1810” –Norberto Galasso-
(5) Hugo Wast, Año diez, Goncourt, Buenos Aires, 1970, p.11.

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